Esta es una muestra de las historias realizadas en mi práctica supervisada en periodismo en la revista Es Mental y otros trabajos desarrollados durante mi formación académica.
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El artista comparte sus ideas sobre el desarrollo de Puerto Rico a través de la narración y sus ilustraciones
El reconocido artista plástico puertorriqueño Rafael Trelles guarda una gran fascinación por la literatura, tanto así que desde sus primeras y las aún inacabadas pinturas en su taller tienen figuras y elementos literarios que hacen referencia o protagonizan la obra, y en ocasiones agrega un poema al reverso del lienzo.
El artista, miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española desde 2019, escribió e ilustró en 2022 su primer cuento individual, Los ojos de Juan Pantaleón.
Indicó que la historia, como la mayoría de sus trabajos, “comenzó con un ímpetu lúdico de juego”. Rafael Trelles, en repetidas ocasiones, ha mencionado que comienza a pintar con una mancha realizada al azar que le sirve de punto de partida.
Asimismo, detalló que en su obra siempre hay un acompañamiento visual, como en su poemario titulado El pez en llamas, publicado en 2014.
Rafael Trelles estudió un bachillerato en Artes Plásticas en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (UPRRP), y continuó el posgrado en la Universidad Autónoma de México (UNAM).
En 1998, recibió la Medalla de las Artes por la Asociación Puertorriqueña de Artistas Plásticos afiliada a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés). El artista fue distinguido con la Medalla de la Cultura de la Fundación Alegría en 2011.
Los temas, en sus obras, son principalmente oníricos, fantásticos, mitológicos y literarios. Además de pintor del género realismo mágico, es artista callejero, escultor, grabador, y diseñador de escenografías y vestuario.
Trelles admitió que no tenía la intención de publicar Los ojos de Juan Pantaleón de Avilés; sin embargo, compartió por correo electrónico su trabajo con el escritor Eduardo Rodríguez Juliá, quien motivó a Trelles a contactar a la casa Editora Educación Emergente. Agregó que, por sugerencia de la editorial,incorporó las ilustraciones, lo cual fue conveniente por el pequeño formato del libro.
El autor expresó que usó en el cuento al personaje de Juan Pantaleón como un “símbolo de la realidad colonial puertorriqueña, de la inmovilidad y la carencia de recursos para poder gestionar nuestro futuro como nación”.
Trelles se inspiró en el retrato El niño Juan Pantaleón Avilés de Luna Alvarado, de 1808, realizado por José Campeche, por encargo del obispo Arizmendi, para documentar a un bebé que nació sin las extremidades superiores e inferiores en el pueblo de Coamo. En la obra de Campeche, destaca el perfil psicológico de la mirada del infante que conoce su estado de dependencia.
Rafael Trelles también hace referencia a la pintura titulada Los Tullidos, de 1568, en una de las ilustraciones del cuento, para homenajear al artista holandés Pieter Brueghel.
El artista advirtió que los sucesos que ocurren en el cuento son ficción que toma eventos históricos y los mezcla, los cambia a su preferencia.
Comentó que, aunque la narración se sitúa en 1898, cuando lees el cuento, “sientes que es lo que estamos viviendo hoy en el 2022 con la imposición de las leyes 20 y 22 (ahora Ley 60), donde el gobierno de Puerto Rico pretende acoger a millonarios que vienen del extranjero a vivir aquí”.
Trelles reconoció que el “desamparo e impotencia frente a unos mecanismos económicos” establecidos por el gobierno lo impulsó a escribir el cuento, aunque inicialmente no era su intención.
En su obra presenta, con elementos fantásticos, las consecuencias que tuvo la compra de grandes cantidades de tierra a las personas de la isla por inversionistas del extranjero, que provocó la desaparición de las extremidades del niño y del terreno.
Trelles agregó que “se puede ver como si la tierra se negara a ser vendida y expoliada”, como una metáfora de un Puerto Rico impedido y dependiente, que intenta alcanzar su propio desarrollo mientras enfrenta el desplazamiento de los puertorriqueños de sus territorios.
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Una rehabilitación alejada de la punitividad que representa la prisión

En la primera visita a la Cárcel de Mujeres de Bayamón para impartir un taller de teoría feminista, la profesora Catherine Marsh Kennerley fue interpelada por una estudiante con la pregunta: “¿Qué van a hacer las feministas por nosotras?”.
La docente interpretó la interrogante como una convocatoria y, en consecuencia, decidió unirse al grupo de profesores del Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras (UPRRP). Un proyecto surgió de un acuerdo entre el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) y la UPR en el año 2014.
Añadió que la “universidad debe ir a donde los estudiantes están si los estudiantes no pueden venir”. Asimismo, subrayó que la “Universidad de Puerto Rico debe tener un compromiso con todas las personas que están privadas de libertad para que puedan acceder a una educación universitaria”.
“Mi experiencia ha sido totalmente transformadora”, describió la catedrática de español sobre la práctica de impartir clases en la Cárcel de Mujeres que comenzó a ejercer en el 2019. “No solamente mi práctica pedagógica en la cárcel cambió sino mi práctica pedagógica en general”, elaboró Marsh Kennerley.
Explicó que visitar la cárcel y observar las condiciones del lugar la encauzó a cuestionar “la cultura de castigo que impera en Puerto Rico, la derrama punitiva que se sale de la cárcel y ocupa todos los espacios, incluso en la universidad”.
La profesora expresó que comparte la visión de mundo del pedagogo Fernando Picó Bauermeister, quien estaba convencido de que el mundo de la universidad y el mundo de la cárcel debían juntarse. Subrayó la importancia de que las personas que estudian o laboran en la UPR se acerquen más al mundo de la cárcel. “Si no lo conocemos, no estamos entendiendo el país. Yo creo que para entender el país y para entender el dolor del país hay que ir a la cárcel. No podemos seguir invisibilizando a las personas que están privadas de libertad”, señaló.
La docente consideró necesario el Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas de la UPR, porque todos tienen derecho a la rehabilitación. “Si invertimos en la educación de las personas, no es necesario estar pensando en el castigo”, sostuvo.
“Hay que pensar en la restauración, en la reparación del daño porque está probado que, en realidad, la cárcel engendra más violencia y más cárcel; entonces, no es la salida”, agregó. Aseguró que “las personas que están en la cárcel son muchas veces tanto víctimas como victimarios entonces, tenemos una responsabilidad como país con todos los ciudadanos”.
Marsh Kennerley enfatizó en los retos que enfrentan las mujeres encarceladas porque no cumplen con el ideal de la buena madre. Indicó que el género influye en que la sentencia por delitos similares sea mayor, y los programas que ofrecen para rehabilitarse están bien marcados por el género. Señaló que en la cárcel de hombres no hay un taller de maquillaje, mientras que las mujeres privadas de libertad que quisieran aprender mecánica no cuentan con esa opción.
Actualmente, la profesora imparte el curso Escritura y Abolición en el Encierro, en el Programa de Estudios de Mujer y Género de la Facultad de Estudios Generales del recinto riopedrense. Indicó que las mujeres privadas de libertad son “más invisibilizadas y castigadas que los hombres”.
Aunque cerca de cada recinto hay una cárcel y podrían expandir el Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas, el mayor reto del programa de bachillerato para el posible estudiantado que está privado de libertad es que está cerrado, indicó la docente. Asimismo, denunció que las universidades privadas acuden a las cárceles a reclutar estudiantes, y expresó que considera que la labor le corresponde a la institución pública.
Marsh Kennerley apuntó que ha sido testigo de los beneficios del Programa de Estudios Universitarios para Personas Confinadas, y mencionó a la alumna Ilka Cruz Rosario, quien recientemente fue indultada y comenzará una maestría en Trabajo Social. La profesora informó que está asesorando a Cruz Rosario en la redacción de un libro, el cual espera publicar el próximo año.
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Los estereotipos de género refuerzan las estrategias de abuso emocional
Por Carolyann Figueroa Santiago y Nicole Matías Santiago
Imagine que las personas con las que usted convive, trabaja y confía su salud traten de hacerle desconfiar de sus sentimientos, memorias y percepciones. Así es la vida de muchas mujeres que soportan que sus parejas, jefes y doctores las tomen por “locas”, “desquiciadas”, “histéricas” y “hormonales”. Esta forma sutil de manipulación, conocida como gaslighting, afecta la autoestima y la salud mental de las personas.
Debido a los roles de género impuestos que promueven el machismo, los estereotipos y la idea de que el hombre es quien domina, a través de la historia, la participación femenina ha sido opacada, obstaculizada y limitada.
El gaslighting o luz de gas es un abuso psicológico que se puede ejecutar de manera intencional o involuntaria con el objetivo de hacer que la víctima cuestione su realidad, aunque no siempre logre identificarlo. Aunque el gaslighting es más frecuente en las relaciones de pareja, las mujeres enfrentan este en diversos escenarios como en su círculo social, citas médicas y carrera profesional.
El término gaslighting proviene de una obra teatral titulada Gaslight de 1938, escrita por el dramaturgo inglés Patrick Hamilton. Posteriormente, la pieza fue adaptada en dos películas homónimas, una en el cine británico en 1940 y la otra, en el estadounidense en 1944. En ambas versiones, la trama gira en torno a un esposo que intenta hacer creer a su cónyuge que está loca para así poder robarle.
Así como en la película, Alanis Ortiz Salgado, quien fue víctima de gaslighting por parte de su pareja con quien sostuvo una relación de cuatro años, relató que “en algún momento me causó dudar, incluso de mí misma, de las cosas que recordaba, de la manera en la que actuaba. Me hizo dudar de mi conocimiento, de si realmente yo estaba en lo correcto, si era yo la equivocada en las cosas que estaban sucediendo”.


El gaslighting está arraigado en las dinámicas de poder y dominación de género, y resalta las desigualdades sociales y culturales que enfrentan las mujeres en diversas facetas de sus vidas. Este fenómeno, que ha sido objeto de estudio en el ámbito académico y sociológico, revela cómo las estructuras patriarcales perpetúan el control y la opresión en las relaciones personales y profesionales.
La luz de gas como guerra sociocultural que desenmascara el machismo
La teoría de poder del sociólogo y filósofo Michel Foucault establece que, en las relaciones, existe un elemento natural de uso y búsqueda del poder, que se manifiesta a través de la evaluación de ventajas y desventajas del otro. “Yo tengo poder sobre ti porque yo tengo ventaja sobre ti”, explicó el psicólogo clínico Miguel Antonio Torres Pérez, del Departamento de Consejería de la Universidad de Puerto Rico en Ponce (UPRP), desde la perspectiva de Foucault.

Miguel Torres Pérez psicólogo clínico con nueve años de experiencia como consejero en la UPRP. (Carolyann Figueroa Santiago) El gaslighting debe entenderse como un fenómeno enraizado en las desigualdades sociales, incluidas las de género, y se manifiesta en las relaciones íntimas con inequidad de poder, según el artículo de la socióloga Paige L. Sweet publicado en American Sociological Review. Las víctimas de luz de gas son producto de los estereotipos de irracionalidad feminizada, afirmó.
Desde la perspectiva de poder y ventajas, Ortiz Salgado experimentó, en su relación, el control producto de la luz de gas. Relató que “me aguantaba mucho respecto a mi manera de vestir, y muchas veces, su excusa era que él sabía cómo pensaban los hombres y que lo único que él quería era cuidarme, pero no era la manera en la que yo quería ser cuidada. Otra cosa que también me sucedió y me hizo darme cuenta (del gaslighting en la relación) es cuando sucedían las cosas y me decía ‘no es para tanto, cálmate’ o ‘pero mira lo que tú hiciste’. Tienden a ser frases que, muchas veces, utilizan para señalar a uno, y uno termina sintiéndose culpable”. Agregó que sentía que la relación no iba a mejorar por culpa suya.

Representación gráfica de frases comunes utilizadas por los gaslighters hacia la mujer. (Carolyann Figueroa Santiago) La profesora y especialista en violencia en el noviazgo Ada Álvarez Conde mencionó las frases más comunes utilizadas por los gaslighters y que son señales de abuso emocional:
“¿Dónde tú estás? ¿Qué haces? ¿Con quién estás? Mándame fotos, evidencia, o sea, ¿qué te pones de ropa? Eso es control”.
Resaltó que el gaslighting es una de las herramientas para ejercer violencia emocional, la cual provoca que la víctima dude de sí misma y genere culpa, y es la causante de que muchas mujeres permanezcan en relaciones abusivas.
La especialista en violencia en el noviazgo de Promotores de Paz señaló que los hombres “cada vez más están objetivizando a las mujeres, o sea, que tienen un problema de pensar que’ yo valgo más, pero tengo otro problema de pensar que tú eres mía o que eres una cosa’. Entonces, mientras más yo haga que la gente sea cosas o sea mi propiedad, pues más las trato de mandar y manejar. Así que el pensamiento de que le pertenezco a (él) es una de las razones por las cuales hay feminicidios, sobre todo de exes, porque vienen reclamando, ‘tú eres mía si no de nadie’. Ese pensamiento hace que la mujer sea un target”.
Mujeres en la sombra: gaslighting laboral y su impacto
Álvarez Conde aclaró que, aunque los hombres también pueden ser víctimas de gaslighting, las mujeres experimentan este tipo de manipulación psicológica con mayor frecuencia porque son más propensas a sufrir de abuso. Otro factor a considerar es el desconocimiento del término luz de gas.

El Instituto de Gerentes y Líderes de Australia y Nueva Zelanda publicó la opinión de Rupert Bryce, un psicólogo y consultor de Recursos Humanos que definió el gaslighting como un comportamiento maquiavélico que ocurre de diversas formas, con frecuencia, de manera prolongada, sostenida y, con el tiempo, aumenta su intensidad.
“A menudo, una persona adoptará un comportamiento de luz de gas porque no se satisfacen sus propias necesidades. Los impulsa el hecho de que su autoestima se construye en torno a la necesidad de controlar, ganar o dominar”, dijo el consultor de Recursos Humanos.
“¿Qué vas a saber tú de esto si tú no tienes negocio? Buena para nada. Juntos son un kindergarden. ¿A ti no te enseñaron a barrer cuando eras chiquita?”. Estas son algunas de las frases que su jefe le dirigió a Sarah M. Maldonado Trinidad en su antiguo trabajo, donde laboró por tres años como mesera.
La psicóloga y consejera Yesenia Torres Santiago afirmó que los constantes comentarios negativos de jefes a empleados afectan la confianza y autoestima de sus trabajadores.

Yesenia Torres Santiago profesional de la salud mental con 23 años de experiencia. (Carolyann Figueroa Santiago) “Me cuestioné mil veces si yo podía confiar en mí. Si lo que yo estaba haciendo y todo el empeño en ese trabajo había sido el correcto, aunque los clientes me confirmaran mi buen servicio. Yo llegaba como abrumada a mi casa, porque genuinamente no me sentía cómoda en ese ambiente de trabajo. Incluso cuando iba para el trabajo, había unos días que literalmente renegaba de ir, pero obviamente uno necesita trabajar, y pues uno no se va a poner a jugar con las habichuelas de uno”, relató Maldonado Trinidad.
La profesora de Recursos Humanos en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras (UPRRP) y psicóloga industrial Gisela Álvarez Pérez señaló que “mientras siga esa idea de que la mujer sigue siendo débil y yo (refiriéndose al hombre) tengo el poder, va a seguir habiendo el gaslighting”.
Torres Santiago describió que algunos de los efectos de la luz de gas en el ambiente laboral son que la víctima no se atreve a dar su opinión, duda de sus capacidades, habilidades, se aísla socialmente en el empleo, lo que produce que la mujer se sienta opacada o intimidada y no se atreva a exigir un ascenso o mayor salario.
La psicóloga industrial afirmó que la mayor barrera para que las mujeres tengan éxito dentro de las empresas es la percepción que tienen los hombres sobre ellas en asuntos como la maternidad y la sensibilidad, que son catalogadas como debilidades en el ámbito laboral.

Representación gráfica de los obstáculos que impiden el crecimiento laboral de las mujeres.(Carolyann Figueroa Santiago) Álvarez Conde expresó que “hay un asunto de invalidar los sentimientos de la gente o pensar que los sentimientos te hacen débil”. Agregó que, en el ámbito profesional, es donde más puede afectar la constante invalidación “porque puede estar pasando gaslighting, piensa que está mal, y empieza a ver otro problema psicológico, que es el impostor syndrome (síndrome del impostor)”.
“Cuando a ti te dicen todo el tiempo ‘tú no sirves’ o ‘tú haces esto incorrectamente’, tú tenlo por seguro que llega el momento que tú te lo crees, aunque no sea cierto, y yo creo que por eso es que hay tan pocas mujeres en posiciones de poder dentro de las compañías”, opinó.Subrayó que, aunque la tasa de graduación de las mujeres es más alta, aún predominan los hombres en las posiciones de poder.

Representación gráfica de la opresión entre géneros. (Carolyann Figueroa Santiago) La doctora Nereida González-Berríos indicó, en The Pleasant Mind,que el autogaslighting ocurre después de una exposición prolongada al abuso psicológico. La víctima se siente emocionalmente adormecida, e internaliza el abuso dentro de sí misma. Puede comenzar a cuestionar la realidad de sus sentimientos. “¿Soy buena en mi trabajo? ¿Soy capaz? ¿Son reales mis dolores? ¿Realmente estoy sintiendo algo?”, ejemplificó.
Cuando su médico es un gaslighter atenta contra su salud
Nicolle Quiñones Flores logró que un médico le atendiera luego de dos meses de haber iniciado los síntomas de una fuerte otitis que debía tratarla con un otorrinolaringólogo urgentemente, debido a que la infección podría esparcirse hasta el cerebro. Al momento de su visita, la paciente estaba parcialmente sorda a consecuencia de la enfermedad y deseaba encontrar un remedio a su padecimiento.
En la consulta, el otorrinolaringólogo descartó inmediatamente la existencia de una enfermedad e insinuó que los síntomas descritos eran ficticios. La joven, que es cantante de ópera, inconforme con la respuesta, le preguntó a qué se debía la disminución de la audición. A lo que el médico le respondió: “¿Qué tú quieres que me lo invente, si no tienes nada?”. Tres días después, Quiñones Flores regresó a la sala de emergencias con síntomas de asma. La doctora del hospital le confirmó que aún tenía líquido en ambos oídos. Recientemente, otro especialista le diagnosticó psoriasis en el canal auditivo.
La vivencia de Quiñones Flores es una manifestación del gaslighting médico. Este fenómeno ocurre cuando el doctor ofrece un trato condescendiente, ignora o le resta importancia a los síntomas que le comenta el paciente.
Un reportaje de The New York Times expone que la luz de gas médica le ocurre con mayor frecuencia a las mujeres, personas negras o racializadas.
Combate el gaslighting
Para enfrentar la luz de gas, los profesionales recomiendan el autoanálisis enfocado en hechos, documentar tareas o instrucciones recibidas como evidencias, crear una lista de preguntas a su médico y buscar segundas opiniones de especialistas. Asimismo, la fundadora de Promotores de Paz recomendó realizar el cuestionario de violencia en el noviazgo, el cual contiene 22 señales para ayudar a identificar los abusos.
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Los alumnos con movilidad reducida o ceguera enfrentan desafíos para transitar el campus de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, la unidad de mayor extensión territorial

La estudiante octogenaria Marta Nydia Torres Rosas, quien padece fibrilación auricular e hipertensión pulmonar, condiciones que limitan su capacidad para caminar largas distancias, se desplaza lentamente con dos bastones de senderismo para llegar a su curso en el segundo piso del edificio Luis Palés Matos (LPM) en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Al llegar, encuentra el ascensor apagado de modo que debe caminar hasta el próximo elevador en el fondo en el cual sube hasta el tercer piso y luego baja las escaleras un nivel para llegar al salón.
Torres Rosas cursa un doctorado en Historia, a pesar de las limitaciones que presentan la infraestructura y los servicios del campus. Aunque la universidad le permitió utilizar los estacionamientos de impedidos de las Facultades de Ciencias Naturales y Humanidades, señaló que los apoyos que recibe son escasos o inexistentes. Por lo tanto, depende de los acuerdos que establece con los profesores y de la ayuda de otros estudiantes. Uno de los acomodos que le solicita es participar en clases por videoconferencia los días en que no puede asistir debido a sus condiciones de salud.

El elevador de la Facultad de Humanidades se detiene entre medio de los niveles de Luis Palés Matos (LPM). Foto por Nicole Matías Santiago. Según la Ley 238, conocida como la Carta de Derechos de las Personas con Impedimentos, establece que las personas con diversidad funcional tienen el derecho a acceder a servicios y beneficios públicos en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía. Esto incluye el acceso a la educación, transportación y seguridad física.

El elevador del edificio Luis Palés Matos se encuentra frecuentemente inoperante. Foto por Nicole Matías Santiago. Barreras físicas y culturales en el campus
Una noche, al salir del edificio Domingo Marrero Navarro (DMN) a las 7:30 p.m., Marta tomó la dirección hacia la rampa la cual está al lado opuesto del estacionamiento de la Facultad de Ciencias Naturales. Explicó que, debido a la falta de alumbrado, perdió la orientación; al intentar continuar, comenzó a marease y sufrió una caída.
Afortunadamente, un estudiante la asistió y buscó la ayuda de un guardia de seguridad. Torres Rosas relató que, para poder asistir a las pocas clases que le restaban del semestre, realizó un acuerdo con la docente para que la acompañara a su carro al salir de clases.
“Me acompañaba hasta el estacionamiento de Naturales, que ella (la profesora) no se estacionaba en ese (estacionamiento), porque ella se estacionaba por el lado contrario del de AJBR (edificio Anexo Jaime Rexach Benítez), pero me acompañaba a mí acá para que yo no me volviese a perder”, detalló la estudiante.

Solo cuatro salones están identificados en Braille en el edificio Domingo Marrero Navarro (DMN) de la Facultad de Estudios Generales. Foto por Nicole Matías Santiago. Los edificios públicos y privados deben cumplir con los requisitos que se disponen en la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA, por sus siglas en inglés), en la cual se establece que se deben eliminar las barreras arquitectónicas. Además, las Normas de Diseño Accesible de la ADA de 2010, exigen que las salas y espacios permanentes deben ser identificados en Braille y que los edificios elevados dispongan de ascensores y rampas para garantizar la accesibilidad.
El estudiante ciego de primer año Diego Zamora Blanco se desplaza de manera independiente para llegar a sus clases entre las facultades de Estudios Generales y Ciencias Sociales gracias a las rutas que aprendió a través de los servicios que recibió de la organización Ciegos con Visión. Calificó al campus de Río Piedras como “medio accesible”.
El estudiante en la concentración de Trabajo Social toma el tren y conoce los caminos para trasladarse a sus clases entre las facultades de Estudios Generales y Ciencias Sociales. Aunque las rutas que toma son en mayoría las más accesibles y seguras, no suelen ser las más eficientes en términos de tiempo. Desplazarse entre ambos lugares puede tomarle entre 20 y 30 minutos dependiendo del trayecto que elija. En consecuencia, a menudo llega tarde a sus clases.
“No puedo decir que es lo más sencillo del universo, pero puedo decir que puedo defenderme en la UPR”, afirmó Zamora Blanco sobre su experiencia en términos de accesibilidad en el recinto.
Comparación entre las rutas de Diego con la más común del estudiantado para trasladarse desde la Facultad de Estudios Generales hasta la Facultad de Ciencias Sociales. Mapa interactivo: pulse los íconos para conocer más detalles.“Los ciegos y los que vamos con bastones, tenemos un problema tremendo con eso (los estudiantes sentados en el suelo del pasillo) porque tú no puedes pasar por entre medio de las piernas de las personas que están sentadas en el piso, que no te dejan pasar y eso es un problema tremendo en la universidad”, expresó Torres Rosas, al señalar la falta de asientos disponibles para que los estudiantes puedan esperar entre clases.
Falta de apoyo institucional para estudiantes con impedimentos
Torres Rosas indicó que la comunicación con la consejera de la Oficina de Servicios a Estudiantes con Impedimentos (OSEI) es nula. Además, señaló que están ubicados en el Centro Universitario, un lugar al que no puede acceder por su cuenta.
Por otra parte, Luis Jabdiel Pérez Díaz, cofundador de Ciegos con Visión, señaló que OSEI no orienta a los estudiantes con diversidad funcional para que puedan conocer el recinto, lo que genera una brecha en los servicios de apoyo.
Soluciones ante los desafíos y riesgos que enfrentan
Luis Jabdiel Pérez Díaz evalúa y elabora un plan de trabajo adaptado a las necesidades de los universitarios ciegos para desplazarse dentro del recinto. Su objetivo es que los estudiantes con discapacidad visual aprendan las rutas hacia sus salones e identifiquen puntos de referencia que les ayuden a orientarse. Actualmente, Pérez Díaz brinda sus servicios a tres estudiantes en la UPR de Río Piedras.

En ocasiones se suelen encontrar las tapas de alcantarillado abiertas, lo cual representa un mayor riesgo de caídas y daño físico. Foto por Nicole Matías Santiago. Según Pérez Díaz, los principales peligros que enfrenta la comunidad de estudiantes ciegos son los vehículos, las aceras rotas, las tapas abiertas de los desagües y los ruidos, que pueden dificultar la concentración. Destacó la importancia de mantener la cubierta de acero en los alcantarillados, ya que se han reportado casos de personas que se han caído en ellos y han presentado las denuncias correspondientes.
Asimismo, Zamora Blanco señaló que lo más importante es que “las aceras y las carreteras estén niveladas, que todo esté bien, que no esté a punto de caerme cuando trate de moverme para algún lado”.
