Los alumnos con movilidad reducida o ceguera enfrentan desafíos para transitar el campus de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, la unidad de mayor extensión territorial 

La estudiante octogenaria Marta Nydia Torres Rosas, quien padece fibrilación auricular e hipertensión pulmonar, condiciones que limitan su capacidad para caminar largas distancias, se desplaza lentamente con dos bastones de senderismo para llegar a su curso en el segundo piso del edificio Luis Palés Matos (LPM) en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Al llegar, encuentra el ascensor apagado de modo que debe caminar hasta el próximo elevador en el fondo en el cual sube hasta el tercer piso y luego baja las escaleras un nivel para llegar al salón.

Torres Rosas cursa un doctorado en Historia, a pesar de las limitaciones que presentan la infraestructura y los servicios del campus. Aunque la universidad le permitió utilizar los estacionamientos de impedidos de las Facultades de Ciencias Naturales y Humanidades, señaló que los apoyos que recibe son escasos o inexistentes. Por lo tanto, depende de los acuerdos que establece con los profesores y de la ayuda de otros estudiantes. Uno de los acomodos que le solicita es participar en clases por videoconferencia los días en que no puede asistir debido a sus condiciones de salud.

El elevador de la Facultad de Humanidades se detiene entre medio de los niveles de Luis Palés Matos (LPM). Foto por Nicole Matías Santiago.

Según la Ley 238, conocida como la Carta de Derechos de las Personas con Impedimentos, establece que las personas con diversidad funcional tienen el derecho a acceder a servicios y beneficios públicos en igualdad de condiciones que el resto de la ciudadanía. Esto incluye el acceso a la educación, transportación y seguridad física.

El elevador del edificio Luis Palés Matos se encuentra frecuentemente inoperante. Foto por Nicole Matías Santiago.

Barreras físicas y culturales en el campus

Una noche, al salir del edificio Domingo Marrero Navarro (DMN) a las 7:30 p.m., Marta tomó la dirección hacia la rampa la cual está al lado opuesto del estacionamiento de la Facultad de Ciencias Naturales. Explicó que, debido a la falta de alumbrado, perdió la orientación; al intentar continuar, comenzó a marease y sufrió una caída.

Afortunadamente, un estudiante la asistió y buscó la ayuda de un guardia de seguridad. Torres Rosas relató que, para poder asistir a las pocas clases que le restaban del semestre, realizó un acuerdo con la docente para que la acompañara a su carro al salir de clases. 

“Me acompañaba hasta el estacionamiento de Naturales, que ella (la profesora) no se estacionaba en ese (estacionamiento), porque ella se estacionaba por el lado contrario del de AJBR (edificio Anexo Jaime Rexach Benítez), pero me acompañaba a mí acá para que yo no me volviese a perder”, detalló la estudiante.

Solo cuatro salones están identificados en Braille en el edificio Domingo Marrero Navarro (DMN) de la Facultad de Estudios Generales. Foto por Nicole Matías Santiago.

Los edificios públicos y privados deben cumplir con los requisitos que se disponen en la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA, por sus siglas en inglés), en la cual se establece que se deben eliminar las barreras arquitectónicas. Además, las Normas de Diseño Accesible de la ADA de 2010, exigen que las salas y espacios permanentes deben ser identificados en Braille y que los edificios elevados dispongan de ascensores y rampas para garantizar la accesibilidad. 

El estudiante ciego de primer año Diego Zamora Blanco se desplaza de manera independiente para llegar a sus clases entre las facultades de Estudios Generales y Ciencias Sociales gracias a las rutas que aprendió a través de los servicios que recibió de la organización Ciegos con Visión. Calificó al campus de Río Piedras como “medio accesible”.

El estudiante en la concentración de Trabajo Social toma el tren y conoce los caminos para trasladarse a sus clases entre las facultades de Estudios Generales y Ciencias Sociales. Aunque las rutas que toma son en mayoría las más accesibles y seguras, no suelen ser las más eficientes en términos de tiempo. Desplazarse entre ambos lugares puede tomarle entre 20 y 30 minutos dependiendo del trayecto que elija. En consecuencia, a menudo llega tarde a sus clases. 

“No puedo decir que es lo más sencillo del universo, pero puedo decir que puedo defenderme en la UPR”, afirmó Zamora Blanco sobre su experiencia en términos de accesibilidad en el recinto.

Comparación entre las rutas de Diego con la más común del estudiantado para trasladarse desde la Facultad de Estudios Generales hasta la Facultad de Ciencias Sociales. Mapa interactivo: pulse los íconos para conocer más detalles.

“Los ciegos y los que vamos con bastones, tenemos un problema tremendo con eso (los estudiantes sentados en el suelo del pasillo) porque tú no puedes pasar por entre medio de las piernas de las personas que están sentadas en el piso, que no te dejan pasar y eso es un problema tremendo en la universidad”, expresó Torres Rosas, al señalar la falta de asientos disponibles para que los estudiantes puedan esperar entre clases.

Falta de apoyo institucional para estudiantes con impedimentos

Torres Rosas indicó que la comunicación con la consejera de la Oficina de Servicios a Estudiantes con Impedimentos (OSEI) es nula. Además, señaló que están ubicados en el Centro Universitario, un lugar al que no puede acceder por su cuenta.

Por otra parte, Luis Jabdiel Pérez Díaz, cofundador de Ciegos con Visión, señaló que OSEI no orienta a los estudiantes con diversidad funcional para que puedan conocer el recinto, lo que genera una brecha en los servicios de apoyo.

Soluciones ante los desafíos y riesgos que enfrentan

Luis Jabdiel Pérez Díaz evalúa y elabora un plan de trabajo adaptado a las necesidades de los universitarios ciegos para desplazarse dentro del recinto. Su objetivo es que los estudiantes con discapacidad visual aprendan las rutas hacia sus salones e identifiquen puntos de referencia que les ayuden a orientarse. Actualmente, Pérez Díaz brinda sus servicios a tres estudiantes en la UPR de Río Piedras.

En ocasiones se suelen encontrar las tapas de alcantarillado abiertas, lo cual representa un mayor riesgo de caídas y daño físico. Foto por Nicole Matías Santiago.

Según Pérez Díaz, los principales peligros que enfrenta la comunidad de estudiantes ciegos son los vehículos, las aceras rotas, las tapas abiertas de los desagües y los ruidos, que pueden dificultar la concentración. Destacó la importancia de mantener la cubierta de acero en los alcantarillados, ya que se han reportado casos de personas que se han caído en ellos y han presentado las denuncias correspondientes.

Asimismo, Zamora Blanco señaló que lo más importante es que “las aceras y las carreteras estén niveladas, que todo esté bien, que no esté a punto de caerme cuando trate de moverme para algún lado”.

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