Los estereotipos de género refuerzan las estrategias de abuso emocional
Por Carolyann Figueroa Santiago y Nicole Matías Santiago
Imagine que las personas con las que usted convive, trabaja y confía su salud traten de hacerle desconfiar de sus sentimientos, memorias y percepciones. Así es la vida de muchas mujeres que soportan que sus parejas, jefes y doctores las tomen por “locas”, “desquiciadas”, “histéricas” y “hormonales”. Esta forma sutil de manipulación, conocida como gaslighting, afecta la autoestima y la salud mental de las personas.
Debido a los roles de género impuestos que promueven el machismo, los estereotipos y la idea de que el hombre es quien domina, a través de la historia, la participación femenina ha sido opacada, obstaculizada y limitada.
El gaslighting o luz de gas es un abuso psicológico que se puede ejecutar de manera intencional o involuntaria con el objetivo de hacer que la víctima cuestione su realidad, aunque no siempre logre identificarlo. Aunque el gaslighting es más frecuente en las relaciones de pareja, las mujeres enfrentan este en diversos escenarios como en su círculo social, citas médicas y carrera profesional.
El término gaslighting proviene de una obra teatral titulada Gaslight de 1938, escrita por el dramaturgo inglés Patrick Hamilton. Posteriormente, la pieza fue adaptada en dos películas homónimas, una en el cine británico en 1940 y la otra, en el estadounidense en 1944. En ambas versiones, la trama gira en torno a un esposo que intenta hacer creer a su cónyuge que está loca para así poder robarle.
Así como en la película, Alanis Ortiz Salgado, quien fue víctima de gaslighting por parte de su pareja con quien sostuvo una relación de cuatro años, relató que “en algún momento me causó dudar, incluso de mí misma, de las cosas que recordaba, de la manera en la que actuaba. Me hizo dudar de mi conocimiento, de si realmente yo estaba en lo correcto, si era yo la equivocada en las cosas que estaban sucediendo”.


El gaslighting está arraigado en las dinámicas de poder y dominación de género, y resalta las desigualdades sociales y culturales que enfrentan las mujeres en diversas facetas de sus vidas. Este fenómeno, que ha sido objeto de estudio en el ámbito académico y sociológico, revela cómo las estructuras patriarcales perpetúan el control y la opresión en las relaciones personales y profesionales.
La luz de gas como guerra sociocultural que desenmascara el machismo
La teoría de poder del sociólogo y filósofo Michel Foucault establece que, en las relaciones, existe un elemento natural de uso y búsqueda del poder, que se manifiesta a través de la evaluación de ventajas y desventajas del otro. “Yo tengo poder sobre ti porque yo tengo ventaja sobre ti”, explicó el psicólogo clínico Miguel Antonio Torres Pérez, del Departamento de Consejería de la Universidad de Puerto Rico en Ponce (UPRP), desde la perspectiva de Foucault.

El gaslighting debe entenderse como un fenómeno enraizado en las desigualdades sociales, incluidas las de género, y se manifiesta en las relaciones íntimas con inequidad de poder, según el artículo de la socióloga Paige L. Sweet publicado en American Sociological Review. Las víctimas de luz de gas son producto de los estereotipos de irracionalidad feminizada, afirmó.
Desde la perspectiva de poder y ventajas, Ortiz Salgado experimentó, en su relación, el control producto de la luz de gas. Relató que “me aguantaba mucho respecto a mi manera de vestir, y muchas veces, su excusa era que él sabía cómo pensaban los hombres y que lo único que él quería era cuidarme, pero no era la manera en la que yo quería ser cuidada. Otra cosa que también me sucedió y me hizo darme cuenta (del gaslighting en la relación) es cuando sucedían las cosas y me decía ‘no es para tanto, cálmate’ o ‘pero mira lo que tú hiciste’. Tienden a ser frases que, muchas veces, utilizan para señalar a uno, y uno termina sintiéndose culpable”. Agregó que sentía que la relación no iba a mejorar por culpa suya.

La profesora y especialista en violencia en el noviazgo Ada Álvarez Conde mencionó las frases más comunes utilizadas por los gaslighters y que son señales de abuso emocional:
“¿Dónde tú estás? ¿Qué haces? ¿Con quién estás? Mándame fotos, evidencia, o sea, ¿qué te pones de ropa? Eso es control”.
Resaltó que el gaslighting es una de las herramientas para ejercer violencia emocional, la cual provoca que la víctima dude de sí misma y genere culpa, y es la causante de que muchas mujeres permanezcan en relaciones abusivas.
La especialista en violencia en el noviazgo de Promotores de Paz señaló que los hombres “cada vez más están objetivizando a las mujeres, o sea, que tienen un problema de pensar que’ yo valgo más, pero tengo otro problema de pensar que tú eres mía o que eres una cosa’. Entonces, mientras más yo haga que la gente sea cosas o sea mi propiedad, pues más las trato de mandar y manejar. Así que el pensamiento de que le pertenezco a (él) es una de las razones por las cuales hay feminicidios, sobre todo de exes, porque vienen reclamando, ‘tú eres mía si no de nadie’. Ese pensamiento hace que la mujer sea un target”.
Mujeres en la sombra: gaslighting laboral y su impacto
Álvarez Conde aclaró que, aunque los hombres también pueden ser víctimas de gaslighting, las mujeres experimentan este tipo de manipulación psicológica con mayor frecuencia porque son más propensas a sufrir de abuso. Otro factor a considerar es el desconocimiento del término luz de gas.

El Instituto de Gerentes y Líderes de Australia y Nueva Zelanda publicó la opinión de Rupert Bryce, un psicólogo y consultor de Recursos Humanos que definió el gaslighting como un comportamiento maquiavélico que ocurre de diversas formas, con frecuencia, de manera prolongada, sostenida y, con el tiempo, aumenta su intensidad.
“A menudo, una persona adoptará un comportamiento de luz de gas porque no se satisfacen sus propias necesidades. Los impulsa el hecho de que su autoestima se construye en torno a la necesidad de controlar, ganar o dominar”, dijo el consultor de Recursos Humanos.
“¿Qué vas a saber tú de esto si tú no tienes negocio? Buena para nada. Juntos son un kindergarden. ¿A ti no te enseñaron a barrer cuando eras chiquita?”. Estas son algunas de las frases que su jefe le dirigió a Sarah M. Maldonado Trinidad en su antiguo trabajo, donde laboró por tres años como mesera.
La psicóloga y consejera Yesenia Torres Santiago afirmó que los constantes comentarios negativos de jefes a empleados afectan la confianza y autoestima de sus trabajadores.

“Me cuestioné mil veces si yo podía confiar en mí. Si lo que yo estaba haciendo y todo el empeño en ese trabajo había sido el correcto, aunque los clientes me confirmaran mi buen servicio. Yo llegaba como abrumada a mi casa, porque genuinamente no me sentía cómoda en ese ambiente de trabajo. Incluso cuando iba para el trabajo, había unos días que literalmente renegaba de ir, pero obviamente uno necesita trabajar, y pues uno no se va a poner a jugar con las habichuelas de uno”, relató Maldonado Trinidad.
La profesora de Recursos Humanos en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras (UPRRP) y psicóloga industrial Gisela Álvarez Pérez señaló que “mientras siga esa idea de que la mujer sigue siendo débil y yo (refiriéndose al hombre) tengo el poder, va a seguir habiendo el gaslighting”.
Torres Santiago describió que algunos de los efectos de la luz de gas en el ambiente laboral son que la víctima no se atreve a dar su opinión, duda de sus capacidades, habilidades, se aísla socialmente en el empleo, lo que produce que la mujer se sienta opacada o intimidada y no se atreva a exigir un ascenso o mayor salario.
La psicóloga industrial afirmó que la mayor barrera para que las mujeres tengan éxito dentro de las empresas es la percepción que tienen los hombres sobre ellas en asuntos como la maternidad y la sensibilidad, que son catalogadas como debilidades en el ámbito laboral.

Álvarez Conde expresó que “hay un asunto de invalidar los sentimientos de la gente o pensar que los sentimientos te hacen débil”. Agregó que, en el ámbito profesional, es donde más puede afectar la constante invalidación “porque puede estar pasando gaslighting, piensa que está mal, y empieza a ver otro problema psicológico, que es el impostor syndrome (síndrome del impostor)”.
“Cuando a ti te dicen todo el tiempo ‘tú no sirves’ o ‘tú haces esto incorrectamente’, tú tenlo por seguro que llega el momento que tú te lo crees, aunque no sea cierto, y yo creo que por eso es que hay tan pocas mujeres en posiciones de poder dentro de las compañías”, opinó.
Subrayó que, aunque la tasa de graduación de las mujeres es más alta, aún predominan los hombres en las posiciones de poder.

La doctora Nereida González-Berríos indicó, en The Pleasant Mind,que el autogaslighting ocurre después de una exposición prolongada al abuso psicológico. La víctima se siente emocionalmente adormecida, e internaliza el abuso dentro de sí misma. Puede comenzar a cuestionar la realidad de sus sentimientos. “¿Soy buena en mi trabajo? ¿Soy capaz? ¿Son reales mis dolores? ¿Realmente estoy sintiendo algo?”, ejemplificó.
Cuando su médico es un gaslighter atenta contra su salud
Nicolle Quiñones Flores logró que un médico le atendiera luego de dos meses de haber iniciado los síntomas de una fuerte otitis que debía tratarla con un otorrinolaringólogo urgentemente, debido a que la infección podría esparcirse hasta el cerebro. Al momento de su visita, la paciente estaba parcialmente sorda a consecuencia de la enfermedad y deseaba encontrar un remedio a su padecimiento.
En la consulta, el otorrinolaringólogo descartó inmediatamente la existencia de una enfermedad e insinuó que los síntomas descritos eran ficticios. La joven, que es cantante de ópera, inconforme con la respuesta, le preguntó a qué se debía la disminución de la audición. A lo que el médico le respondió: “¿Qué tú quieres que me lo invente, si no tienes nada?”. Tres días después, Quiñones Flores regresó a la sala de emergencias con síntomas de asma. La doctora del hospital le confirmó que aún tenía líquido en ambos oídos. Recientemente, otro especialista le diagnosticó psoriasis en el canal auditivo.
La vivencia de Quiñones Flores es una manifestación del gaslighting médico. Este fenómeno ocurre cuando el doctor ofrece un trato condescendiente, ignora o le resta importancia a los síntomas que le comenta el paciente.
Un reportaje de The New York Times expone que la luz de gas médica le ocurre con mayor frecuencia a las mujeres, personas negras o racializadas.
Combate el gaslighting
Para enfrentar la luz de gas, los profesionales recomiendan el autoanálisis enfocado en hechos, documentar tareas o instrucciones recibidas como evidencias, crear una lista de preguntas a su médico y buscar segundas opiniones de especialistas. Asimismo, la fundadora de Promotores de Paz recomendó realizar el cuestionario de violencia en el noviazgo, el cual contiene 22 señales para ayudar a identificar los abusos.

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